LA SITUACIÓN EN CEUTA Y EL MERECIDO AGOBIO DE PEDRO SÁNCHEZ

En una crisis de seguridad y de gravedad creciente se ha convertido hoy 31 de julio la irrupción masiva y descontrolada de más de 60 mil personas procedentes de Marruecos a territorio limítrofe español en Ceuta.

No se trata de una “crisis migratoria” generada por una guerra u otro desastre. Se trata, notoriamente, de un arma demográfica de presión empuñada por Marruecos sobre España, antecedida por el enfriamiento de la relación bilateral debido a gestiones del gobierno español para abastecer su país de hidrocarburos procedentes de Argelia, lo que quiebra el precedente control marroquí sobre ese abastecimiento. El rey de Marruecos Mohamed VI intenta imponer al gobierno español de Pedro Sánchez una posición ventajosa y regresiva en ese asunto, a más de aprovechar la oportunidad para relanzar su reclamo territorial sobre los territorios españoles de Ceuta y Melilla en África.
El contexto global en el que se inserta esta crisis es muy significativo. Si fuera el caso que España pierda el gobierno de Ceuta –posibilidad abierta con una intervención multinacional “compositiva", para la que ya se apresta la Cruz Roja Internacional, siempre “metida en sopa”-, España dejaría de tener alguna intervención de control sobre el paso naviero por el estrecho de Gibraltar, con el dominio británico al otro lado.
Hay fuertes indicios apuntando a que la situación está siendo convenientemente aprovechada por el Reino Unido interesado en recomponer sus debilitadas relaciones con EEUU, a su vez interesado en conseguir control del mencionado estrecho por consideraciones geoestratégicas que vinculan intereses de Israel asociado a Marruecos en esta aventura. Cabe señalar que, tanto EEUU como Israel tienen ahora “sangre en el ojo” por la díscola actitud del gobierno español de Sánchez de disfrazar como pacifismo su sesgada neutralidad hostil a Washington y Tel Aviv en su conflicto con Irán.
No es necesario adoptar hipótesis “conspiranoicas” al respecto. Los hechos que están sucediendo y los intereses de los países mencionados están en juego en el escenario.

Es muy escasamente probable que la crisis escale a un enfrentamiento próximo al bélico entre Marruecos y España, pero con certeza se puede afirmar que la irrupción masiva de marroquíes a Ceuta y también a Melilla es una forma singularmente aviesa del tipo de “guerra híbrida” (que ahora las hay en diferentes combinaciones en varias regiones del mundo).
La presencia hoy de Pedro Sánchez en Ceuta, en su calidad de jefe de gobierno de España adquiere la máxima relevancia significativa, porque Sánchez ha mencionado públicamente el suceso que lo convoca como una “violación de la integridad territorial de España”, pero simultáneamente está evitando acusar al gobierno marroquí: responsabiliza a las redes de tráfico de migrantes y sostiene que Marruecos continúa siendo un país aliado con el que existe comunicación.
Es extremadamente débil y precaria esta posición equilibrista de Sánchez porque endurece extraordinariamente la definición de lo sucedido en Ceuta y Melilla y contraría directamente las alegaciones de Marruecos que no ha dejado su discurso de reclamar soberanía sobre ambos territorios.
Entre tanto, en España Sánchez debe enfrentar la más grave crisis de popularidad social y una muy creciente desaprobación ciudadana en la creciente parte de la sociedad que entiende que ha sido él, Sánchez, quien ha precipitado la crisis con su malhadada política migratoria. Esto va a tener un impacto decisivo en la valoración interna de su gobierno y probablemente mayor todavía se manifieste en contra, en el escenario de las elecciones para un nuevo gobierno el 2027, que Sánchez, el PSOE y su temblorosa coalición de izquierdas enfrentan en condiciones cada vez más desventajosas. El gran perdedor político del actual estado de cosas es, precisamente, Pedro Sánchez. Ni siquiera le serviría un alarde de patriotismo que en el sonaría huero e hipócrita.
Un actor en la crisis, que todavía no muestra sus cartas, es el rey español Felipe VI, quien hasta ahora –públicamente por lo menos- no ha dicho su palabra y deja en manos de Sánchez y su gobierno el manejo del espinoso asunto.
Hay que recordar que Felipe VI, a diferencia de su padre y antecesor Juan Carlos I, ha preferido “pasar por agua tibia” la relación con Marruecos por el incordio referente a Ceuta y Melilla. Cuando el ahora rey emérito español visitó Ceuta el 2007, declarando su “compromiso con todos los españoles”, dirigiéndose a pobladores de la ciudad, la reacción desde Marruecos fue abiertamente hostil, incluyendo una declaración de Mohamed VI y el retiro de su embajador en España.
El recibimiento de los españoles en Ceuta a Sánchez hoy ha sido de un mayúsculo rechazo. Lo que sugiere un eco fuerte en España –donde ya se aprestan movilizaciones “nacionalistas” propicias a desestabilizar el gobierno ya bastante agobiado por casos de corrupción- y puede ser que en horas (o pocos días) se revele que la crisis ha escapado de las manos del jefe de gobierno.
Lo que asimismo sugiere una intervención directa del rey Felipe VI como monarca (aunque no gobernante) y mando supremo de las Fuerzas Armadas (Art. 62 de la Constitución española). Una visita de Felipe VI a Ceuta actuando como figura simbólica de la nación española y más si declara la española territorialidad de ese dominio y el de Melilla, generaría una escalada de la actual situación a nivel de confrontación política entre estados. Lo que si bien no empuja a otro ámbito de conflicto (digamos, militar) si puede abrir espacio para la injerencia de otros poderes que se considere con agencia: la OTAN en virtud del Art. 4 de su estatuto de defensa de los países asociados, en este caso España, y/o la UE que podría aprovechar la oportunidad para ralentizar su descomposición.
Me inclino a suponer que tanto Trump como Nethanyaju tratarán de servir los intereses de EEUU y de Israel con presión sobre Mohamed VI para desescalar la crisis salvaguardando una sobredeterminada soberanía española en Ceuta y Melilla con interposición de un entendimiento español-marroquí para la devolución de los invasores y “normalizar” el statu quo en el área, hasta que, inevitablemente, se presente otra situación crítica generada por la tectónica del tablero del poder mundial.



Comentarios