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TEMORES Y PUDORES ANTE LA VICTORIA DE “LA ULTRADERECHA” EN ALTA SAJONIA, ALEMANIA

Foto del escritor: Miguel Angel Rodríguez Sosa
Miguel Angel Rodríguez Sosa
10 sept
4 min de lectura

En las elecciones del domingo 6 de septiembre el partido político Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, uno de los 16 estados federados de Alemania, ha arrasado con el 43,8% de los votos, más del doble que hace cinco años, y deja a la gobiernista Unión Cristianodemócrata (CDU) a una distancia abismal, con apenas un 17%, prácticamente la mitad del 37,1% que obtuvo en 2021.


     

El significado simbólico del suceso es, exactamente, el derribo de un muro ideológico y político (como el acontecido el 9 de noviembre de 1989 con el “muro de Berlín”). Lo que ha sido ahora derribado es el ruinoso muro multiculturalista de fronteras abiertas, asistencialista y woke edificado por la “centro derecha” del CDU y la “centro izquierda” del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) sosteniendo en forma precaria el gobierno del canciller Friedrich Merz (CDU).

     Ese derrumbe ha caído además sobre las izquierdas regionales: Die Linke (izquierda promigratoria y woke) y Die Grünen (partido ecologista también woke), que han obtenido solamente 9,5% y 9,0% de los votos. Una derrota abrumadora, en todo el frente, para las distintas etiquetas del progresismo.

     La reacción inmediata de las izquierdas alemanas y a nivel global es crear el relato de “amenaza fascista” de AfD , para infundir en las sociedades un angustioso temor y, como es usual, los democráticos izquierdistas ya están azuzando actos de violencia en Sajonia-Anhalt. Pero, claro, para ellos los violentistas son siempre de “ultra derecha”: su mentira favorita, allá y aquí.

     Interesa rememorar que la Alta Sajonia es un territorio que formó parte del estado comunista de la Alemania Oriental (la RDA) hasta 1990, Que de su población la mayor cantidad de votantes por AfD sean trabajadores con sus expectativas de calidad de vida arruinadas por el “estado de bienestar” provisto por CDU-SPD en sucesivos gobiernos, es una clara muestra del fracaso de ese proyecto político. Que la votación por izquierdas radicales sea muy escasa muestra que las alternativas socialistas de cualquier pelaje también han fracasado.

     Pero es más resaltante el estado de pánico que brota de los varios matices del social liberalismo que acusa a AfD de ser un partido fascista recurriendo a falacias como esas de imputarle “racismo” (o “racialismo” ¿?) por lo que es, efectivamente, la defensa tajante de AfD de la identidad cultural alemana agobiada por la presencia –en buena parte materialmente miserable- de inmigrantes ilegales o en situación irregular que consumen hasta el agotamiento los recursos estatales de asistencia, en detrimento de la población originaria.

     El alegato de fascismo imputado a AfD ignora (u oculta) que la plataforma de la organización en ninguno de sus contenidos promueve el colectivismo, el estatismo y el corporativismo, que son distintivos del fascismo. Pero es muy conveniente para el social liberalismo (ese espectro de la “centro izquierda” a la “centro derecha”) y para las izquierdas socialistas y comunistas, y es funcional a su tarea de construir su relato justificatorio del descrédito y la cancelación. odiadora.

     AfD es, desde luego, una agrupación política que, en el mapa mental binario de los centristas e izquierdistas, cabe ubicar en la derecha y aun –si se quiere- en la extrema derecha. Pero esa topología sólo da para arma del debate, como lo reconocen sus propios autores y cultores en todas partes del mundo.

     No caeré en la tontería de omitir que en AfD hay elementos participantes que son “ultras nacionalistas” y duramente anti multiculturalistas y antimigración abierta. Es usual la existencia de tendencias radicales o extremistas en toda fuerza política organizada, de izquierda o derecha. En AfD se tuvo a Alexander Eichwald, un necio que incluso llegó a imitar en gestos a Hitler, pero fue expulsado en diciembre del 2025.

     La mayor figura visible de AfD es Alice Weidel, líder del partido en el Bundestag, economista, cristiana, lesbiana y feminista, casada con una mujer de Sri Lanka, Sarah Bossar, y madre de dos hijos adoptados; liberal conservadora que admira a Margaret Thatcher y a Frederick von Hayek. Una mujer muy políticamente incorrecta –lo que escuece en la pituitaria social liberal- que se opone tajantemente al globalismo, a la sustitución demográfica europea desde la migración abierta y al europeísmo decadente de la UE.

     Weidel acaba de destruir, en una alocución en el Bundestag, al canciller Merz, que antes de las recientes elecciones estatales dijo en representación de UCD, textualmente, que “cerrará de inmediato todas las fronteras alemanas a quienes no tengan un documento en regla que autorice su paso, que eso también rige para quienes pretendan asilo y que deportará a todos los que se hallen en Alemania sin permiso para estar allí”. El mismo Merz que luego del acto electoral ha calificado estas mismas medidas de “remigración” que defiende la AfD como "limpieza étnica", lo que es resaltado desde el progresismo a veces avieso, como señal de fascismo.

      Weidel ha acusado a Merz, en esa alocución, con justicia y certeza, de “destruir Alemania” con sus políticas fiscal, industrial, energética, migratoria y exterior belicista (desde la OTAN). Y Weidel es la única líder política alemana que postula la seguridad energética alemana reconstruyendo nexos con Rusia –lo que le acarrea los furores europeístas-. Una virtuosa exponente de la añeja idea del “continentalismo” que incluye a Rusia para la supervivencia de Europa.

     No puede sorprender que Weidel y AfD recaben el apoyo de las mayorías trabajadoras que han perdido de manera creciente condiciones de bienestar por causa de gobiernos social liberales. El progresismo en todas sus manifestaciones es repudiado por la mayoría social en Alto Sajonia, como ocurre en otras regiones del continente que despiertan del mal sueño hiperracionalista de las izquierdas.

     ¿Qué tiene de fascista la AfD de Weidel? Nada, aparte de lo banal e injustificado de la imputación. Suscribo el desafío a que se demuestre lo contrario con razones, no con temores, rumores y pudores.

 
 
 

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