top of page

UN CONTUBERNIO DE NEOLIBERALES Y PROGRESISTAS: EL CASO DE GRECIA

  • Foto del escritor: Miguel Angel Rodríguez Sosa
    Miguel Angel Rodríguez Sosa
  • 1 ene
  • 7 Min. de lectura

En la última noche del año, como es mi costumbre desde hace algunos calendarios, luego de cenar me quedé viendo películas en la TV y por un azar captó mi atención “A puertas cerradas” (2019) del director griego nacionalizado francés Konstantinos Gavras, más conocido como Costa-Gavras por su cine fuertemente teñido de mensaje político. La película trata de la experiencia de quien fue ministro de finanzas del gobierno de Grecia durante la presidencia de Alexis Tsipras.

 

El protagonista es, desde luego, el economista Yanis Varoufakis y el filme se basa en un libro suyo, Comportarse como adultos (titulado en inglés Adults in the room, el mismo nombre original del film). Costa-Gavras narra en la película la versión de Varoufakis, que hace suya, de los acontecimientos propios y de entorno, de la pugna entre el gobierno griego de Tsipras y el establishment político y económico europeo materializado en lo que la historia llama “La Troika” integrada por los tres grandes centros de poder del europeísmo con tentáculos globalistas: el Eurogrupo (órgano informal y enorme poder fáctico del Consejo de la Unión Europea, uno de los siete altos institutos de la unión, mimetizado con el Banco central Europeo), la Comisión Europea (el poder ejecutivo de la Unión Europea) y el Fondo Monetario Internacional.

 


En la versión de Costa-Gavras esa pugna se produce entre el anhelo del gobierno izquierdista griego por aminorar la rapacidad de la Troika sobre su economía y sus activos nacionales; y el principal gestor del lado griego es el ministro Yanis Varoufakis, a quien presenta como un negociador muy solvente y quien debe enfrentar poderes superiores a sus fuerzas.

 

La verdad es que Costa-Gavras en esta película lleva a un extremo su romanticismo izquierdista en el esfuerzo de “revelar la verdad” sobre lo que ocurre “a puertas cerradas” en los salones del poder económico y político del capitalismo corporativo europeo. Lo que el director quiere expresar es la narrativa heroica de una epopeya del fracaso, de una arruinada intentona izquierdista por salvar a la sociedad griega de las fauces del europeísmo capitalista.

 

El filme traza en su historia una frontera entre buenos y malos; que son, los primeros, Tsipras y Varoufakis, enfrentados a los segundos:  Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, Jeroen Dijsselbloem, ministro holandés de finanzas y presidente del Eurogrupo, Wolfgang Schäuble, ministro alemán de finanzas, Michel Sapin, ministro francés de economía y finanzas, y Christine Lagarde, presidenta del FMI.

 

Se luce en la realización la figura de un Varoufakis épico y de un Tsipras hamletiano y atrapado en la maraña de las intrigas de los poderes europeístas, pero destaca el ejercicio de empatía desplegado por Costa-Gavras, siempre cayendo en la propaganda con una mirada de los hechos que pierde objetividad ante su idealismo de izquierdas que él cree incorruptible y no lo es, sobre todo porque encubre que Varoufakis no era un Galaor al rescate del santo grial de la independencia económica de Grecia, y que provenía de las filas del partido PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico) que había arruinado su oferta de gobierno durante 20 años.

 


Pero, en definitiva, lo que omite la película es que algunos de los prominentes actores reales del asunto, si bien eran agentes directos de los intereses financieros del capitalismo corporativo, muy dispuestos saquear a Grecia en beneficio de banqueros, eran, a la vez, agentes del social-liberalismo en que se había convertido la anterior social-democracia, como en el caso de Jeroen Dijsselbloem, político del holandés Partido del Trabajo, o en el de Michel Sapin, político del Partido Socialista francés –un artista de la doblez moral-. Precisamente, lo que no muestra Costa-Gavras es la convivencia muy funcional entre los intereses de la oligarquía financiera y los actores políticos del progresismo en Europa. La misma cohabitación que hoy en día sostiene en la Comisión Europea de la UE a Ursula von der Leyden con el apoyo amplio de los progresismos políticos en el Parlamento Europeo.

 

En este sentido, la película es otra de las solventes obras de propaganda izquierdista de Costa-Gavras mostrando medias verdades. Culmina con una escena coreográfica alusiva al sometimiento del gobernante griego izquierdista Alexis Tsipras a los dictados de La Troika, luego de otra escena relatando también en forma coreográfica el abandono del respaldo a Tsipras por parte de la sociedad griega (más bien de sólo su clase media). Imágenes victimistas y justificatorias que entregan una versión sesgada y dulcificada de la derrota del izquierdismo académico que pobló el gobierno griego en ese tiempo y que no alcanzó a mejorar lo que habían malhecho los gobiernos precedentes… y los sucesivos. Pero es una película que se debe ver, incluso si el interés del espectador es dar una mirada a lo que probablemente es muy verdadero: la cortesanía maquiavélica de los actores de grandes poderes en sus decisiones para preservar las imposiciones de una oligarquía financiera que maneja los gobiernos de Europa con etiquetas de progresismo y democracia. Costa-Gavras, a pesar suyo, desnuda el tinglado del poder europeísta.

 

- - - - -

 

La historia verdadera de lo narrado en la película es que el año 2015 Grecia vivió una conmoción que debería poner en claro lo que sucede en un país, europeo por más señas, acogotado entre la rapacidad de la oligarquía que realmente gobierna Europa sobreponiéndose a los gobiernos nacionales o doblegándolos y las fracasadas plataformas de las izquierdas en el poder en algunos países del viejo continente.

 

Tal vez entonces, 2015, no estaba claro el panorama de la interacción entre esos actores de lo que entonces pintó como drama, pero ahora sabemos que fue farsa. La niebla encubridora que cubría el escenario provenía de la confrontación puramente ideológica –por tanto, alienante- proclamada por los contendores con etiquetas de neoliberalismo, el uno, y de progresismo, el otro. El espantajo del “Consenso de Washington” llevaba más de tres decenios escarnecido por todas las izquierdas en el mundo occidental, presentando al neoliberalismo como la efigie del capitalismo corporativo y políticamente empoderado, egoísta y deshumanizante, como el actor más canalla de la historia, frente a un consenso de derechohumanismo democrático y pluralista empeñado en el progreso social.

 



La verdad, ahora revelada por factos históricos inapelables en su objetividad y sobre todo desde inicios del segundo decenio de este siglo XXI, es que el neoliberalismo y el progresismo convivían –y lo siguen haciendo- en espacios de poder acrecentado en agencias multilaterales como la Unión Europea (UE) con sus órganos ejecutivo y legislativo poblados por burocracias inmunes a los controles de representación y también en la Organización de Naciones Unidas (ONU), coincidiendo especialmente en entidades como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) y vendiendo a países recetas de salvación económica que –se ha descubierto- lo son únicamente para beneficio del capitalismo corporativo con disfraz democrático.

 

En Grecia, al iniciarse el nuevo siglo, el partido PASOK fundado y liderado inicialmente por Andreas Papandréu llevaba en forma brevemente interrumpida 20 años en el gobierno y ya se observaba su desgaste por corrupción y prebendismo; fue cuando colapsó su “socialismo democrático” alabado por el progresismo europeo como “tercera vía”. El PASOK experimentó graves pugnas internas y reveses electorales; aún así mantuvo el poder con Costas Simitis, un líder con apariencia de renovador y que imprimió al partido una orientación europeísta que lo desligaba de su nacionalismo antecedente; el 2001 Costas impulsó con éxito desde el gobierno la incorporación de Grecia a la Eurozona; una adhesión plena a la UE. Pero el PASSOK perdió las elecciones del 2004 ante la coalición de centroderechas Nueva Democracia y fue derrotado en las elecciones adelantadas el 2007. Aunque por períodos el PASOK obtuvo mayoría parlamentaria y el 2009 volvió al gobierno con Giorgios Papandréu (hijo del fundador) en los comicios del 2012 sólo pudo conservar en parte el poder en alianza con Nueva Democracia y con la presidencia de Lucas Papademos, primero, y de Antonis Samaras, después, formando una coalición de tecnócratas y socialdemócratas.

 

Pero el 2009, la crisis global del capitalismo especulativo se cebó en las poblaciones de los países con economías débiles de Europa y entre estos, con mayor gravedad en Grecia. A los factores previos de la inestabilidad política se sumó la crisis económica que mostró centralmente dos características: la rapiña europea materializada en empréstitos para pagar anteriores deudas –lo que en realidad incrementaba las deudas precedentes y destruía bases del crecimiento económico griego- y la voracidad de los banqueros europeos ajustando hasta la asfixia lo fondos griegos de pensiones y forzando la reducción de salarios. El gobierno de Papandreu aceptó lo que en Europa se llamó “el primer rescate” de Grecia y el gobierno de Papademos acepto el “segundo rescate”, más de lo mismo. Pero el gobierno de Samaras puso en claro que los banqueros europeos, con el respaldo de sus gobiernos, querían hacerse, además, de importantes activos del país: puertos, aeropuertos, precisamente como parte del pago de los adeudos contraídos en los “rescates”. El gran negocio del endeudamiento.

 

El 2015, en un marco de profunda inestabilidad política e irresoluble crisis económica con empobrecimiento generalizado de la población griega el PSOK perdió definitivamente su presencia política en lo que fue presentado como “la ruina del socialismo moderado”. En enero de ese año, ocupando un sétimo lugar en los votos, su lugar fue ocupado por la Coalición de la Izquierda Radical conocida como SYRIZA que ganó las elecciones con el liderazgo de Alexis Tsipras y con una plataforma política de oposición radical a las gestiones de “rescate” con aumento de la deuda externa y profunda depresión resultante de la economía griega, pues mientras aumentaba el pago de deuda, los “ajustes” económicos impuestos retraían el PBI del país acarreando empobrecimiento cada vez más extendido.

 

Como ocurre en la generalidad de los casos, cuando a un inepto y desgastado gobierno tecnocrático de centroderecha lo sucede un gobierno con propuestas radicales de izquierda rechazando la política de austeridad tras años de crisis económica, se produce un choque entre lo ofrecido electoralmente y lo que se puede hacer desde el gobierno: nada, desde la plataforma de una izquierda que se promociona como radical y fracasa en su esfuerzo.

 
 
 

Comentarios


©2020 por DesdeAfuera. Creada con Wix.com

bottom of page